29 dic 2011

Claramente llego al centro
de la duda
aún sabiendo que vos
no la entendés.
Tibiamente te volás
por la ventana,
aún sabiendo que yo
nunca podré
apoyar mi hombro
en la pared de enfrente.
Métodos propios de nosotros dos:
nunca saber quién es el que dejó
de mirar atrás.
Y las agujas que nunca
se mueven
se quedan
con nuestro tiempo.
Pero yo estoy aquí...
Y mi silencio no tiene
nada que decir.