3 ene 2011

Qué vanidad imaginar que puedo darte todo,

el amor y la dicha, itinerarios, música, juguetes.

Es cierto que es así:

todo lo mío te lo doy, es cierto, pero todo lo mío no te basta

como a mí no me basta que me des todo lo tuyo.


Por eso no seremos nunca la pareja perfecta, la tarjeta postal,

si no somos capaces de aceptar que sólo en la aritmética

el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte.


Y este fragmento:

La lenta máquina del desamor

los engranajes del reflujo

los cuerpos que abandonan las almohadas

las sábanas, los besos

y de pie ante el espejo interrogándose

cada uno a sí mismo

ya no mirándose entre ellos

ya no desnudos para el otro

ya no te amo,

mi amor.