26 feb 2010

Quise algo para mí y descubrí que siempre tenía que dar algo a cambio. Y me enojé. Enfurecí hasta que la ira rasgó las paredes de mis venas, y grité. Comprendí que nada es gratis, y así también empecé a actuar yo: Si daba muestras de cariño o de amor, esperaba recibirlas de vuelta por el mismo canal. Y otra vez me sorprendí cuando no me pagaron. Y POR AMOR SUFRÍ, lloré viendo como otro recibía gratis todo ese amor que yo habia dado; y dejé de entender el tema de los intercambios.